BOPV nº 29 · · Desarrollo Económico y Competitividad

DECRETO 8/2014, de 4 de febrero, del Estatuto de las personas jóvenes agricultoras.

En 2004 se puso en marcha el Plan de Jóvenes Agricultores y Agricultoras de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Se trata de un Plan Interinstitucional cuyo impulso correspondió conjuntamente a los departamentos de agricultura del Gobierno Vasco y de las tres Diputaciones Forales. No obstante, su elaboración requirió del consenso y participación de los principales agentes del sector, además de las instituciones implicadas directamente: sindicatos agrarios, Mendikoi, IKT, Federación de Cooperativas Agrarias, asociaciones de desarrollo rural... El Plan se desarrolla en un conjunto de veinte medidas, con un horizonte de actuación de diez años. No obstante, las diferentes medidas contaban con sus propios condicionantes temporales de puesta en marcha y de funcionamiento y validez de sus diferentes actuaciones. Aun así, el marco temporal básico que se contempló se extiende del 2005 al 2014, ambos incluidos. El impulso a la incorporación de jóvenes al sector agrario profesional constituye una línea básica de actuación para las instituciones agrarias vascas. Aunque esta política siempre ha representado una de las prioridades de los departamentos de agricultura, tanto del Gobierno Vasco como de las Diputaciones Forales, la situación actual revela la necesidad de acometer con urgencia medidas en favor de un relevo generacional en el agro vasco. La preocupante situación de envejecimiento que sufre el sector agrario vasco pone de manifiesto su peculiar realidad laboral en comparación con otros sectores productivos de nuestro país, sobre todo, de cara al acceso al mismo, y que se puede resumir en los siguientes aspectos: En primer lugar, en el sector agrario vasco existe muy poca mano de obra asalariada; las explotaciones son, en su gran mayoría, microempresas que solamente emplean a sus titulares. Por otro lado, el principal medio de producción en el sector, el suelo agrario, tiene muy escasa movilidad, y se ve sometido además a una presión de usos residenciales, industriales e infraestructurales que encarecen desproporcionadamente el poco suelo que sale al mercado. En sentido contrario, las necesidades de suelo para acceder a productividades rentables cada vez son mayores, mientras la división de las explotaciones en las transmisiones hereditarias se hace más habitual. Igualmente, el acceso a la mayoría de los subsectores agrarios requiere afrontar unas fuertes inversiones que, dados los niveles de rentabilidad que se obtienen menores en comparación con otros sectores productivos precisan de largos plazos de amortización y financiaciones costosas. Las condiciones de trabajo en el sector agrario, sobre todo en el ganadero, son mucho más exigentes que en otras actividades laborales: actividad física importante, ausencia de horarios fijos, imposibilidad en muchos casos de acceder a vacaciones... A ello hay que añadir los inconvenientes derivados de que el trabajo agroganadero se realice en el medio rural: menores equipamientos y servicios, etc. Como corolario

Publicación oficial en euskadi.eus